Explorando un mundo en miniatura

Explorando un mundo en miniatura

El bloguero te cuenta cómo es La aventura de la nanotecnología, el espacio que te permite descubrir nuevas dimensiones de la materia.

Quizás no haya otra atracción de Tecnópolis que merezca más estar en el Continente Imaginación que esta. Porque para entender qué es la nanotecnología tenés que usar mucho la imaginación. Si no estás familiarizado con ver las cosas a través de un microscopio –¿y cuánta gente lo está?- es difícil tener una idea de la dimensión que poseen las cosas que están a escala nano.

En principio, me intrigaba esta tecnología que llevaba el apodo de Serrat en su nombre. Así que me acerqué temprano al galpón blanco de nanoaventura dispuesto a ver de qué se trataba. Primero nos pasaron un video explicativo. Ahí me enteré que un nanómetro es una milmillonésima parte de un metro (¡ejem!). ¿Y eso cuánto sería? Pongámoslo de esta forma: El diámetro de la Tierra es un millón de veces mayor que el de una pelota de fútbol. Y una pelota de fútbol es un millón de veces más grande que un fullereno, una molécula de carbono con la que pueden fabricarse nuevos materiales nanotecnológicos. ¡Buenísimo! Mi cara de desconcierto pasó a ser cara de: ¿y eso para qué sirve?

La nanotecnología puede tener muchísimas aplicaciones y esto también lo aprendí en la película: en medicina podrán usarse nanorobots para eliminar obstrucciones en la sangre; en el área industrial hoy se aplican nanopartículas para la fabricación de neumáticos o pinturas más resistentes y de mejor rendimiento. También hay nanotecnología en los chips que se usan en los teléfonos celulares, las computadoras portátiles o las cámaras digitales: dispositivos cada vez más chicos y con mayores prestaciones.

¡Perfecto! Ya entendía lo qué significaba ese gran “NANO” naranja que decoraba la entrada. Había llegado el momento de jugar. Para eso nos dividieron en 3 grupos de 6 y nos asignaron una misión diferente según el sector donde podría aplicarse la nanotecnología: en medicina íbamos a curar órganos enfermos, en medio ambiente deberíamos purificar el agua y en tecnología construiríamos un microchip.

A mi me tocó curar. Tuve que aplicar medicamentos a órganos enfermos a través de una molécula con un nombre complicadísimo –polipropilenglicol- que transportaba los anticuerpos necesarios. Más allá de la simpleza de los juegos –para la generación de la playstation mover un joystick y apretar un botón puede parecer arcaico- fue entretenido ver cómo chicos y grandes, amigos o desconocidos trabajaban juntos para poder cumplir con las misiones asignadas. Y mientras jugábamos, aprendíamos.

Cuando salía me acerqué a una señora a la que había visto construyendo un microchip con dedicación pero con un pulso “eléctrico”. ¿Es increíble que estén pasando estas cosas, no? le pregunté. Me respondió con un proverbio (africano, me enteré después): “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.”